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jueves, 24 de febrero de 2011

El lector posimposible

El cuento que hemos elegido es Tlön, Uqbar, Orbis Tertius que trata de cómo el narrador encuentra un artículo en una enciclopedia en el que se describe un mundo, Tlön, y a partir de él lleva a cabo una indagación sobre el contenido del artículo para verificar su realidad, pronto se despierta el interés del resto de intelectuales. Más tarde se da a conocer un tomo en el que se explica más sobre Tlön, a partir del mismo la difusión del mundo imaginario llega hasta tal límite que comienzan a existir cualidades propias del mundo Tlön en el mundo humano. En el cuento nos encontramos a un tipo de lector varón, adulto, de clase social alta, de profesión desconocida pero claramente intelectual. Los espacios donde se desarrolla el cuento son varios, generalmente bibliotecas como espacio cerrado urbano “en vano hemos desordenado las bibliotecas de las dos Américas y Europa”, y suponemos una casa como espacio privada “había recibido de Brasil un paquete sellado y certificado”. El país en el que se desenvuelve la obra es Argentina, en la ciudad de Buenos Aires. La temporalidad es ilimitada desde el momento en que se entera de que hay una versión diferente hasta que descubre el secreto. El acto de la lectura no se específica cómo se realiza el acto de lectura. El tipo de lectura está centrada en Enciclopedias. La relación del lector con la literatura es la de investigador que intenta dar certeza de una realidad aparentemente no verídica. La reflexión a la que te incita la lectura es la creación de una realidad a partir de la ficción mediante la difusión de una idea. Para que se lleve a cabo, se exige la participación de un tipo de lector: el lector posimposible. El lector posimposible es el que lleva a cabo la realización de lo imposible. Situación del lector en la ciudad de Granada: Hemos situado al lector posimposible en una biblioteca virtual llamada Biblioteca Virtual Francisco Ayala en el edificio Centro Cultural Caja Granada Memoria de Andalucía, se trata de un conjunto arquitectónico realizado por Alberto Campo Baeza. La elección de este conjunto por el diálogo y sincretismo que se establece entre este y la ciudad de Granada creando una interconexión entre el pasado, con la gran carga histórica que posee Granada, y el presente, junto con el elemento natural, Sierra Nevada.


http://es.wikipedia.org/wiki/Posimposibilismo


Por Aida y Almijara

El lector diamante


Tiene una cosa rara, Marisa, este libro, porque cuando lo abro me puedo acordar de todo lo que dice sin leer y, además de lo que está escrito ahí, también me puedo acordar de lo que la gente me cuenta y de lo que yo invento (…) y, cuando abro el libro, las puedo decir como si el libro también se acordara, es como que se me vienen todas las palabras, las historias saltan, algunas hasta parece que se hacen en las personas”

Nuestro lector, rodeado de una situación marginal y de miseria, lee para evadirse de lo que le ha tocado vivir, así como para hacer feliz a otra persona, lee para alguien y para él mismo. Lee por amor, por un sueño y por una evasión. Es un lector diamante. Chiro posee una fuerte personalidad, como la de un diamante. Un diamante sólo puede ser rallado con otro diamante, no hay otro elemento capaz de dañarlo, tan sólo alguien tan fuerte como él, con sus mismas características y aptitudes. Además, un diamante surge del simple grafito de un lápiz, sus propiedades químicas son las mismas, es el tiempo y los cambios que este experimenta los que configuran la dureza del diamante. Así, nuestro personaje, desde su niñez ha de ir conformando su propio yo, único y diferente, el cual le haga enfrentarse a cualquier situación inesperada en la vida, un error, una pérdida, un dolor. 

ÉL...
Siempre he leído por amor.
No importa el qué, cuándo o dónde, tan sólo la agradable sensación de un libro en las manos y su olor.
Esa forma… ese no sé qué que te hace suspirar y decir “Lo quiero, quiero leerme ese libro”, aunque en verdad estuviera semanas en la mesilla de noche. Pero estaba ahí, lo admiraba, lo contemplaba y, simplemente, me derretía… Tan solo el hecho de que alguien diga “libro” y suspirar enamorado. ¿Qué historia, qué secreto, qué aleph esconde este objeto tan aparentemente sobrio, quieto, callado, colocado en una polvorienta estantería, que tanto nos hace soñar? Y Soñar, porque para mí el dios aquí es el sueño, y un libro en general y cientos en particular. Sueño de día y de noche, cuando leo, cuando recuerdo, cuando suspiro, sueño con mi imaginación y sin ella, sueño por ti, por él, por mí, por ellos y con todos también. Sueño porque quiero y porque no quiero, sueño porque sí. No se haya mi felicidad entre las páginas, se haya mi vida, mi pasado, mi presente y mi futuro, y todo lo que de ello se derive.
Como he dicho, siempre leí por amor, mi sueño fue amar y ser amado, amo el arte y sé que el arte me ama a mí, y si no es así, no me importa porque nunca me lo confesará. Ningún libro me declarará abiertamente su odio hacia mí, porque yo cambiaré el sentido y será sólo amor lo que transmita.
Si pudiera leería toda mi vida, no, mejor, sería como Alicia en el país de las maravillas, pero dentro de un libro. Y que pudiera saltar de uno al otro, para vivir cada una de las historias con la atención que se merecen y que así el tiempo no me obligara a abandonar mi bonito sueño entre páginas.
Pero si hay algo más sensual y atrayente que un libro escrito, es otro sin escribir. Me volvería completamente loco si entre mis manos estuviera, lo pondría en un altar y lo alabaría por el resto de mis días y cuando ya fuera imposible adorarlo más, moriría, aunque estoy seguro que si muriera, me enfrentaría a la ley del olvido y la obligaría a cumplir mi deseo, seguir soñando para poder amar.
Amo muchas cosas, tantas… me gustaría que estuvierais en el sótano de la calle Garay en este mismo momento para que lo pudierais comprobar y así me ahorraría el esfuerzo de explicar tanto y nada a fin de cuentas.
Creo que la mejor manera de definir este sentimiento es confesando que me encanta la literatura.
Sé que si algún día dejara de amar, por supuesto, seguiría amando.
Podréis burlaros de mí y llamarme loco y yo me sentiría orgulloso de vuestro elogio, porque ahora sé que tan sólo con la locura podré ver aquello que mis ojos no alcanzan, y no es que me haya topado con el punto ciego, es que simplemente mi racionalidad no me permite ir más allá.
Si pudiera pedir un deseo sería estar loco, porque estoy cansado de vivir rodeado de personas que creen existir en una realidad encuadrada en “lo real”, y yo quiero vivir en un sueño o soñar en una vida, pero soñar.
Siempre he soñado por amor.

         ELLA...
Aaaaaaaaaaaaaaah!!!
Los pies fríos. Helados. Tiritan…
Mi silla. Mi patio. Mis manos. Blancas…
Mis miedos. Mis sueños. Mis gritos. Mis llantos. ¡Él!
Un día, y otro, y otro más. Él
Un libro, un cuento, una historia. Él
Un sueño, una esperanza, un miedo. Él
Soledad, tristeza, amparo. Él
Cariño, compañía, confianza. Él
¡Él, él, él, él…! ¡No te vayas!
Ojala pudiera gritar ¡No te vayas!
¡Quédate!
No hizo falta. Él lo sabía. Él lo sentía…
Él me quería.
Aaaaaaaaaaaaaaah!!!

miércoles, 23 de febrero de 2011

El lector-escalera



PROYECTO “GRANADA: CIUDAD DE LECTORES”
Autores: Sergio Rodríguez Caballero y Sandra Torres Montalbán.
Obra: Amor y pedagogía, de Miguel de Unamuno.
Fragmento:
“¡Con qué ansia coge Apolodoro la cama por las noches! Son entonces sus auroras, las fiestas de su alma. Recógese al frescor de las sábanas, acurrucadito, como estuvo, antes de nacer, en el vientre materno, y así, en postura fetal, espera al sueño, al divino sueño, piadoso refugio de su vida y tierra firme en que recobra ganas de vivir. Antes suele leer de alguno de esos libros que le ha dejado Menaguti y que a hurtadillas de su padre se lleva consigo y que esconde bajo la almohada. Al llegar a ciertos pasajes el corazón le martillea, y con la boca entreabierta, respirando anheloso, tiene que suspender durante un momento la lectura. ¿Es que luego sueña? Ni él mismo lo sabe desde que le hizo leer su padre una doctísima obra acerca del sueño, sus causas y sus leyes.”
El lector que recoge el fragmento de Amor y pedagogía, de Miguel de Unamuno, es Apolodoro, un adolescente español, de familia acomodada y cuya misión en la vida es convertirse en un genio. Apolodoro es una especie de experimento de su padre, que, convencido de que a través de la pedagogía y la ciencia se puede llegar a crear un ser maravilloso y genial, se propone llevar a cabo se creencia y convertirla en práctica. Desde que nace, Apolodoro es pues una persona altamente influenciable, débil y acomplejado, ya que su vida gira en torno a su padre y su empeño pedagógico.
Cuando Apolodoro conoce a Menaguti, un poeta de su pueblo, empieza su afición por la lectura. Como el fragmento recoge, Apolodoro lee de noche, en su cama, y a escondidas de su padre, para el cual la literatura está totalmente fuera de los recursos necesarios para la formación de un genio. Apolodoro lee poemas de amor, sin demasiada calidad pero si contenido. Estas lecturas coinciden con la época en que Apolodoro comienza a fijarse en las muchachas de su entorno.
Claramente, para Apolodoro la lectura es evasión, una forma de escapar del discurso pedagógico que es su vida, de la ciencia y las matemáticas. Además, la poesía hace que Apolodoro se encuentre con el amor, algo que no conocía, y le sirve también para crear y conocer su identidad.
El lugar que hemos escogido para situar a nuestro lector es un espacio que se sitúa en Camino de Ronda, enfrente del antiguo Estadio de la Juventud. Es una zona de paso, con una acera ancha, con vistas a la estación de tren y una panorámica que abarca Sierra Nevada, la Alhambra y el Albaycín. Hemos escogido esta zona por su implicación con la ciudad, ya que es un lugar muy transitado; además, las vistas a las vías del tren nos abren caminos relacionados con nuestro lector.
Apolodoro se enmarcaría dentro del “lector escalera”, ya que mediante la lectura de poemas de amor se escapa del control paterno y se sale de la norma que él le ha establecido, escala y explora un mundo nuevo, sube peldaños en la búsqueda de su identidad. Las vías del tren pueden ser también esas escaleras para las personas que llegan a la ciudad escapando o buscando algo nuevo o ya conocido, para las personas que se van dejando atrás cosas importantes, o para las que se van sin dejar nada, para las personas que leen esperando el tren; y, sobre todo, para los lectores que contemplan el baile de trenes desde la lejanía, intuyendo, leyendo, imaginando y escapando.

martes, 22 de febrero de 2011

El lector corrector


Granada: ciudad de lectores, y entre ellos, el corrector, el que mira con lupa, el que busca y rebusca, el de otra lectura, el que aspira en vano a la perfección absoluta, una errata, y todo se va al traste, una mayúscula que no debería haber salido, ¿quieres el café solo o con tilde? Prefiero un té diacrítico y dila que la quiero.
Granada es una ciudad de lectores y entre ellos, un lector falso, un lector comprado, que no le importa lo que lee más allá de que sea correcto. Un lector que se vende, pero un lector necesario.
http://lectorcorrector.blogspot.com/

El lector investigador



En el texto Un pez en el hielo, de Ricardo Piglia, nos situamos ante un lector investigador.


El lugar que hemos elegido para que este tipo de lector, es la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada.


Hemos considerado que este era el lugar idóneo ya que es uno de los lugares en los que se puede manejar gran cantidad de información, así como disfrutar de un ambiente apropiado para alguien que esté interesado en las memorias o biografía de algún personaje, como es el caso de nuestro investigador. Así pues creemos que es el lugar ideal para que un lector investigador lleve a cabo su trabajo de forma satisfactoria.
Esperamos que os guste.

Ana García García

Cristina Sánchez Lucas


El lector reflexivo

En La hija del filósofo nos encontramos con dos tipos de lectores. Por un lado el propio filósofo, padre de la verdadera protagonista, que se dedica a leer junto con el resto alrededor de una alfombra y con vino, tabaco y algo de picar y a charlar sobre lo leído, a meditar sobre lo que ha podido ver con los demás. Ese sitio cargado de humo podría ser el Arte Café La Tertulia, de Granada, aunque claro está, ya sin humos.

Por otra parte, tenemos a la propia niña que, al igual que La Maga en Rayuela está desvalorada y desprestigiada. Ella entiende lo que están diciendo porque aunque no ha leído directamente, el estar todo el día sirviendo a su padre hace que haya podido ser una lectora de oídas.

En el vídeo intento establecer un paralelismo entre La Maga y La Hija del Filósofo mediante fragmentos de ambas obras.

Un saludo






El lector maldito

Cuento: "El libro en blanco" de Julio Ramón Ribeyro

Lector - maldito:
El protagonista, un peruano extrovertido con multitud de amigos de quien desconocemos su nombre y edad, sueña con triunfar como escritor mientras sobrevive en trabajos menores como traductor en una agencia de noticias. Se aburre, se siente infravalorado y se distrae con facilidad.
Posee una buena biblioteca y disfruta admirando las de sus amigos. Los únicos momentos en los que le vemos leyendo es mientras se distrae en su puesto de trabajo. Lo hace en París, donde reside, de día, sentado en su silla de la agencia de noticias. Lee para evadirse en momentos de poca actividad. Sus lecturas son de buena calidad pero resulta irónico que las que elige para sus momentos de evasión en el trabajo sean En busca del tiempo perdido de Marcel Prost y Elogio de la pereza de Bertrand Russel.
Los efectos que sufre en relación al libro en blanco son diversos y cambian en función de si lo posee o no. El objeto es perverso, está maldito y cuando es así las desgracias le persiguen materializándose en problemas con sus jefes que le obligan a abandonar sus trabajos, insomnio, úlcera estomacal, hemorragias, su madre enferma gravemente, gastos imprevistos, abandono de su pareja quien además se rompe una pierna y soledad. Cuando se aleja del libro recobra la salud, la pareja, logra buenos trabajos y recupera su tranquilidad y estabilidad económica. Ata cabos y descubre los perniciosos efectos del objeto. ¿Qué hacer con él? ¿Regalárselo a alguien? La vileza de tal acto le repugna y decide abandonarlo lanzándolo en medio de un parterre de rosas, inocentes víctimas finales de la nociva obra.
El libro es un objeto maldito que trae la desgracia a los que lo poseen. Las personas que lo atesoran como un valioso regalo son escritores que cometen el sacrilegio de tener un libro en blanco, imaginarse escribiendo en él maravillosos textos, pero que no cumplen sus promesas y lo relegan al olvido y a una existencia sin propósito. Álvaro Chocano, amigo del protagonista, posee el libro durante un tiempo. Le diagnostican un tumor, descubre los peligros del objeto y escribe un pequeño poema en él advirtiendo de sus riesgos. Escribiendo casi logra acariciar con las yemas de sus dedos la llave que le salvará de la maldición pero no logra concluirlo incumpliendo su misión creadora y sufriendo el irremediable castigo.
Un libro en blanco se venga de nosotros. ¿Por qué? Porque el libro es un ser vivo que nace, crece y envejece. Si tiene suerte logrará convivir con un dueño que lo cuidará y disfrutará con él pero si la fortuna no es tan benevolente puede convertirse en un ser condenado a la extinción. Eliminación real puesto que para muchos un libro es un ente maligno y peligroso al que hay que silenciar lo antes posible. Como prueba de esta triste realidad sirvan algunos ejemplos:
El rey Nabonasar inició la guerra contra los libros en el 747 a. C. ordenando destruir todos los ejemplares de la Biblioteca de Babilonia puesto que la Historia debía empezar a partir de él.
El emperador chino Shi – Hoang- Ti efectuó una matanza similar por la misma razón en el 213 a. C.
El caso de la gran Biblioteca de Alejandría es especialmente destacable. Las tropas de Julio César la saquearon en el 47 a. C. La emperatriz Zenobia, reina de Palmira también la atacó e incendió parte de ella. Diocleciano conquistó Alejandría y ordenó la destrucción de dos bloques de la misma. En el 390, el patriarca cristiano Teófilo destruyó un anexo de la Biblioteca. El golpe definitivo lo dieron los árabes en el 646 quienes conquistaron la ciudad y arrasaron la biblioteca hasta sus cimientos.
La Biblioteca de Constantinopla en el 476 sufrió un incendio que eliminó ciento veinte mil manuscritos. Más tarde, el emperador León III mandó quemar la biblioteca, los manuscritos e incluso a los bibliotecarios.
En el siglo XI los turcos saquearon la Biblioteca de El Cairo que atesoraba más de doscientos mil ejemplares.
En 1109, los francos tomaron Trípoli y quemaron la biblioteca árabe de la ciudad.
En nuestro país, Fernando III el Santo, en el 1236 hizo una hoguera con la Biblioteca de los Califas de Córdoba.
Desde 1483, fray Tomás de Torquemada, al cargo de la Santa Inquisición realizó varias quemas generales de libros a las que siguieron las de el cardenal Cisneros.
La lista de atentados contra los libros prosigue y parece interminable: quema de códices mayas en Hispanoamérica, la quema de Savonarola, las de los nazis…
Tal vez nos merezcamos este trato como venganza por los atropellos que durante siglos hemos infringido a estos inocentes objetos cuyo único pecado es el de existir. No pidieron nacer y si lo han hecho es por nuestra voluntad. Cumplen con la maravillosa tarea de albergar el conocimiento del género humano y como recompensa, fruto de la ignorancia, del fanatismo y la barbarie, les hemos regalado en ocasiones una existencia miserable, pudiendo ser ilustrada con los famosos versos de Alberti: “…partidos, sucios, pisoteados, con ese inexpresable gesto fijo y oscuro del que al nacer ya lleva contra su espalda el muro de los ejecutados".

El lugar elegido. El cementerio de Granada.
Un libro que cuya simple posesión puede llevarte a la muerte. Un lector maldito que lucha contra él. Qué mejor lugar para semejantes actores que el cementerio de Granada.
La maldición que encierra el objeto es la de castigar hasta la expiración a aquel que ose poseer un libro en blanco y no escriba y desempeñe en él la misión que su naturaleza necesita.
El libro se venga de nosotros, de la humanidad que lo creó para después abandonarlo a una existencia plagada de dolor. El abandono, la indiferencia, la crueldad, las quemas, las persecuciones, las exterminaciones, las listas de libros prohibidos… Todo esto es lo que hemos regalado a este objeto que no pidió nacer y cuyo simple anhelo fue el de ayudarnos en nuestra existencia atesorando nuestros conocimientos, sueños, deseos y fantasías.
Los escritores, sus dioses creadores, son quienes más debieron protegerlos pero fueron los primeros que los abandonaron a su suerte y es por esto que el libro maldito se ceba en ellos con extrema crueldad.
La muerte acecha y el mejor entorno para intentar vencerla es su propio terreno. Es en un cementerio donde deberíamos llevar este funesto ente para, una vez allí, escribir en él. De esta forma ennegrecemos sus blancas páginas y nos redimimos cumpliendo nuestra promesa. El juramento que hicimos sin darnos cuenta al perturbar su reposo pero que no llegamos a cumplir: crear maravillosos textos en tan propicio objeto.
La preocupación por nosotros mismos y por nuestros semejantes no es algo nuevo, es un comportamiento que nos acompaña desde siempre. Es hace 130.000 años cuando observamos los primeros enterramientos en homínidos pre – Homo Sapiens lo que ya indica una verdadera preocupación en el género humano para con el fallecido que va más allá de la vida diaria. Por esta razón, un cementerio, generalmente considerado como lugar de tristeza puede ser observado con otras naturalezas o connotaciones.
Así, además del dolor que experimentamos en este entorno también debemos entender que el cementerio también puede ser visto desde los ojos de la alegría por ser lugar de paz y descanso, el fin de los sufrimientos de nuestros seres más queridos. También resulta para algunos un lugar de esperanza por ser espacio de tránsito hacia otro nivel de existencia que nos alivie de los innumerables sinsabores de nuestra vida mortal.
La reflexión sobre nuestra existencia finita y sobre lo breve de nuestro paso por este mundo es lo que debe hacernos entender que hemos de cumplir nuestras promesas. Las extremas consecuencias del libro en blanco tal vez sea la forma más directa de hacernos comprender esta incuestionable realidad. Debemos ser honestos con nosotros mismos y con nuestros actos y decisiones. Hemos de ser valientes y luchar hasta el final por cumplir nuestros sueños y no rendirnos en el largo camino.
video

lunes, 21 de febrero de 2011

El lector librero




El texto que se nos presenta es de Alejo Carpentier, escritor universal que proporcionó datos de América a través de lo real maravilloso y de su escritura barroca. Escribió obras como El siglo de las luces, donde narra el intento de Víctor Hugo de implantar las ideas de la Revolución Francesa en el Caribe, en un impresionante retablo mezcla de historia y ficción.

En la obra de Alejo Carpentier el lector está situado en su librería antigua, en Madrid, un local en una calle céntrica, y de cuyo lugar no se movió desde hace generaciones.
Aquí, nuestro lector librero leería El Genio del Cristianismo. Le daría paz, libertad, serenidad, relajación, pues es el único libro que le produce placer.

El autor está relacionado con la rutina, puesto que todos los días de su vida está metido en un lugar cerrado. No tiene libertad.
Hemos elegido una librería de Granada que se sitúa en la Calle Gracia, número 33 y se llama Praga, puesto que pensamos que el protagonista de nuestra obra estaría trabajando en un ambiente como el de esta librería.



Además porque es antigua, tiene todo aquello que necesitas y sobretodo libros con gran valor por su tiempo y como no con la literatura.

El lector adicto

























Este tipo de lector (que no puede dejar de leer) se puede encontrar en Los Premios de Julio Cortázar, uno de los autores más innovadores y originales de su tiempo, maestro del relato corto, la prosa poética y la narración breve en general.

Hemos considerado oportuno elegir el Mirador de San Nicolás de Granada puesto que es un lugar donde las personas pueden sentarte y ver La Alhambra, lugar turístico granadino, al igual que si te asomaras a la popa de un barco.


Además es un espacio que está en alto, y que nos proporciona paz, tranquilidad, etc. Es lo más parecido a la popa de un barco, un barco mirando a tierra, en nuestro ejemplo, mirando a La Alhambra.
















Aquí, nuestro lector activo leería Hombres de maíz, imaginándose que está en un barco. Le daría paz, libertad, serenidad, relajación, tal y como se puede observar en la imagen.

El lector conquistador

Alfredo Bryce Echenique, El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz.
La del lector del fragmento es una lectura nocturna, íntima y señal de amor y pasión. El acto de la lectura sustituye de esta manera al acto sexual: “como si la literatura fuera un afrodisíaco”.
“Voy a encender la lámpara y te voy a leer las páginas más hermosas de Baroja y de Hemingway”, al mismo tiempo, para que veas que mi amor es capaz de obrar milagros por ti. “Tú dormirás plácidamente mientras yo te leo y te leo para que duermas en la mejor compañía del mundo y te despiertes con las palabras más lindas del mundo”.
Lee tumbado sobre la cama, “la cama de una noche de lectura al pie de la chica más linda del mundo envenenada para mi mayor solaz y esparcimiento”. Toma anafraniles (unos antidepresivos que, entre otros muchos efectos secundarios, tienen el de la disminución del apetito sexual), bebe whisky y nunca duerme...

Para este tipo de lector el lugar más propicio es la cama -el dormitorio propio-, un lugar íntimo y privado alejado de la vida pública; un lugar en el que poder desatar con confianza y tranquilidad completa todos los sentimientos (la literatura será una forma más de mostrarlos y expresarlos). El mejor momento para la lectura es en la noche, alumbrada con luz artificial, cuando todos duermen, y puede ser en soledad o en compañía, con otras sustancias o sin ellas.
Mi representación plástica de la lectura.
Porque ésta era la noche en que ella había aceptado el martirologio de quedarse dormida como un tronco (…) en vez de gozar del cuerpo y el alma del hombre que adoraba y amaba con pasión. Y todo porque el hombre que la adoraba y la amaba con pasión era, sin su inyección, palabras, alma pura, purita alma, palabras con lágrimas en los ojos.

El lector encapsulado


En este fragmento de “Amuleto” de Roberto Bolaño, la lectora y protagonista del relato es Auxilio Lacouture, una mujer de nacionalidad uruguaya que pertenece a una clase social media-baja y que vive en México DF. No se dice exactamente la edad que tiene pero ella misma afirma tener bastantes arrugas, por lo que debe andar por los 50 años. No tiene trabajo fijo; el día se lo pasa en la Facultad de Filosofía y Letras ejerciendo de una especie de ayudante, lo cual ella llama sus “trabajos voluntarios” y por la noche lleva una vida bohemia con los poetas de México, los cuales le prestan libros de literatura mexicana. Cabe destacar su personalidad, pues a pesar de no tener una vida ideal y perfecta es una mujer con mucho sentido del humor, de esas que se ríen hasta de sí mismas, sociable, trabajadora, buscavidas, optimista, decidida y sin tapujos para decir lo que piensa. Además, tiene un gran autoestima, pues ella misma se define como inteligente, valiente y educada. Se puede hacer referencia también a su físico, el cual la lectora describe: alta, flaca, el pelo rubio y canoso con un corte a lo Príncipe Valiente, las arrugas en la frente… En definitiva, la versión femenina del Quijote, forma en que la llamaba Pedro Garfias.
El libro que lee Auxilio es uno con los poemas de Pedro Garfias. El acto de su lectura se produce en la Facultad de Filosofía y letras, donde ella se pasaba el día, en la cuarta planta más concretamente en el baño, en el wáter.
El día en que lee ese libro en el wáter es el 18 de septiembre de 1968, por lo que es casi el final del verano. Se sabe que es de día porque ella sólo iba a la Facultad durante ese período. De repente, mientras leía, el ejército irrumpió en la Facultad sin ella darse apenas cuenta.
Estando sentada en el wáter, la lectura se interrumpe cuando va a ver lo que ocurre fuera. Una vez comprobado, en lugar de cundirle el pánico vuelve a sentarse en el wáter (aunque sin apetecerle defecar) y se sumerge de nuevo en la lectura, pero ésta vez una lectura de la que ella misma dice: “Se hizo enloquecedora, los versos pasaban tan rápidos que apenas me era posible discernir algo de ellos…”
El lugar escogido es la Facultad de Filosofía y Letras de Granada. Hay numerosas razones por las que hemos escogido este lugar, aparte de por ser un lugar hermoso repleto de una historia literaria increíble.
Una de las razones es obvia, puesto que en el propio relato de Roberto Bolaño el acto de lectura se produce en la Facultad de Filosofía y Letras. Obviamente ésta no es la de Granada, sino la de México DF, pero este hecho hace que se le pueda dar mucho juego a la lectura. En concreto, el acto se realiza en el baño de esa facultad, y por ello hay un lugar dentro del lugar, del que también es importante hacer mención.
Es un lugar totalmente original, pues aunque muchísima gente lee cuando va al baño no suele aparecer éste en la literatura como lugar de lectura. Este sitio guarda mucha relación con la personalidad de la lectora, porque ella es una mujer con mucho sentido del humor y muy sociables, además de ser muy sencilla y espontánea; con el baño ocurre algo parecido (guardando las diferencias) en el sentido de que es un lugar muy natural, muy habitual, al que acude todo el mundo para sus necesidades. Igualmente, a ella siempre acude el personal de la Facultad para pedirle ayuda, para contarle “sus penas y sus esperanzas”.

El lector-río

APUNTES PARA UNA TEORÍA DEL LECTOR
LA VELOCIDAD DE LAS COSAS

LECTOR-RÍO
“Apuntes para una teoría del lector”, es una obra escrita por Rodrigo Fresán. Forma parte del libro “La velocidad de las cosas”.
Se trata de historias o cuentos, pero una definición más acertada sería la de una narración más o menos corta, que tiene como uno de sus rasgos característicos la digresión.
Este intrincado texto narrado en primera persona cuenta una historia compuesta de pequeñas historias interiores que se van presentando de forma discontinua.

Tenemos aquí dos clases de lectores:

1. El lector-escritor (protagonista del relato), al que denominamos “lector-río”, quien nos narra lo que está leyendo y a la vez es quien escribe.

2. Los demás lectores (nosotros entre ellos), a los que el protagonista define y nos presenta junto a dos tipologías: el lector poco entrenado; y lector consecuente, analítico.


El lugar ideal para esta lectura podría ser cualquier sitio que invite al recogimiento y a la reflexión, y que, en este texto, el lector reduce a una libreta en un barco que navega por las aguas de la vida: VITA-FLUMEN (la vida como río). Presenta el carácter fluyente de la existencia humana, equiparada a un río que avanza hasta fundirse en el mar, simbolizando su muerte.

En cuanto al momento de hacer la lectura, podemos decir que cualquier momento del día es bueno para esta actividad, aunque al tratar el tema del fin del mundo, el autor también parece tener predilección por el fin del día, el atardecer, acompañado de un clima benigno que le permita leer al aire libre.

Este lector-río lee respetando el balanceo de las aguas:

“Mis ojos sobre las páginas han ido adoptando una cadencia decididamente oceánica y pendular: las palabras primero se inclinan hacia un lado y después hacia otro. Ideas que caminan de proa a popa, oraciones que arrojo por babor o estribor para regocijo de albatros y tiburones”.

Lee algo que está escrito en una libreta ajena. El escritor de esa libreta (que luego fue periodista) dice “al final, me gusta visualizar el trazo de mi existencia como una fuga de A a B en constante desarrollo (…)”.

El escritor de la libreta es a su vez lector, es alguien a quien le gusta ver/leer lo que escribe. Habla de “La velocidad de las cosas”

“(…) leo líneas al azar, frases sueltas, fantasmas de vidas, intrigantes reincidencias, disparos a ciegas”

Para nosotras, la lectura determina el lugar dónde se lee.

La lectura es un acto de reflexión, de análisis sobre la creación literaria, donde las dos facetas (lector/escritor), se funden ya que el lector también es el que “construye” la obra reescribiéndola.
El lugar adecuado para deleitarnos leyendo es el que invita al ensimismamiento, el que nos permite centrarnos en la lectura y sacarle provecho, y puesto que Rodrigo Fresán dice que “el hombre no es más que un invento del agua para poder trasladarse de un sitio a otro. Estamos construidos con agua”, hemos elegido un lugar tranquilo a la orilla del río y rodeado de los Jardines del Genil: el café “Las Titas” que se encuentra en un entorno único en Granada, en la confluencia de los Paseos del Salón y de la Bomba.



Por este puente transitan aquellas vidas que van camino de convertirse en historias. Esas vidas elegidas para ser narradas atraviesan el puente con la velocidad de las cosas. Al otro lado del mismo las espera el narrador para artesanalmente modelar su historia fluvial.



“El agua es el hogar ancestral al que todos volvemos “. “ El hombre fue un invento del agua para ella poder desplazarse “. De ahí el placer que da a nuestra alma el susurro del agua al pasar junto a nosotros.



Sigamos soñando, y soñando vivamos,

y mientras vivamos soñemos.


Delia Naranjo Macías
Adoración García Linares
M. Lucrecia Ávila de Plano