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lunes, 21 de febrero de 2011

El lector conquistador

Alfredo Bryce Echenique, El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz.
La del lector del fragmento es una lectura nocturna, íntima y señal de amor y pasión. El acto de la lectura sustituye de esta manera al acto sexual: “como si la literatura fuera un afrodisíaco”.
“Voy a encender la lámpara y te voy a leer las páginas más hermosas de Baroja y de Hemingway”, al mismo tiempo, para que veas que mi amor es capaz de obrar milagros por ti. “Tú dormirás plácidamente mientras yo te leo y te leo para que duermas en la mejor compañía del mundo y te despiertes con las palabras más lindas del mundo”.
Lee tumbado sobre la cama, “la cama de una noche de lectura al pie de la chica más linda del mundo envenenada para mi mayor solaz y esparcimiento”. Toma anafraniles (unos antidepresivos que, entre otros muchos efectos secundarios, tienen el de la disminución del apetito sexual), bebe whisky y nunca duerme...

Para este tipo de lector el lugar más propicio es la cama -el dormitorio propio-, un lugar íntimo y privado alejado de la vida pública; un lugar en el que poder desatar con confianza y tranquilidad completa todos los sentimientos (la literatura será una forma más de mostrarlos y expresarlos). El mejor momento para la lectura es en la noche, alumbrada con luz artificial, cuando todos duermen, y puede ser en soledad o en compañía, con otras sustancias o sin ellas.
Mi representación plástica de la lectura.
Porque ésta era la noche en que ella había aceptado el martirologio de quedarse dormida como un tronco (…) en vez de gozar del cuerpo y el alma del hombre que adoraba y amaba con pasión. Y todo porque el hombre que la adoraba y la amaba con pasión era, sin su inyección, palabras, alma pura, purita alma, palabras con lágrimas en los ojos.